El Priísta prófugo: Una pandemia democráta llamada Corrupción.

Decía Joan Baez ” Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”. Ahí tienen a Tarín y los priístas que son la pieza medular para recordarnos que en nuestra nación demócrata parece que estamos viviendo una pandemia de corrupción en el ejercicio y construcción de nuestra “adolescente” democracia.

Como ya todos los medios han reseñado éste célebre personaje del PRI ha logrado desde los “huecos legales” de siempre evadir la justicia, en un país donde la corrupción ha sido el eje de gobierno de partidos como el PRI y la propia oposición, demás está aclarar que no es cosa de colores, es más bien la tan llevada y traída descomposición social.

Tarín García es acusado por presunto peculado por la Fiscalía de Chihuahua. Fue director de Adquisiciones en el gobierno de César Duarte, que también enfrenta una orden de aprehensión.

Esto me hace reflexionar , como a mucho otros la perdurable percepción de que de Si, efectivamente, éste fenómeno ha invadido al gobierno, a la sociedad como ente comunitario, los pactos políticos, las relaciones económicas a nivel macro y claro en la microeconomía que termina por entregarnos un estado fallido, del que somos todos partícipes y que culposamente derogamos nuestra responsabilidad transfiriendo toda la responsabilidad al gobierno ( Sí, así como hizo PEMEX con su EBITDA en 2016 ) y en ese sentido la falla es colectiva.

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La madurez de la sociedad y la adecuación de las instituciones no ha podido cumplir con  ir más allá para que la vacuna vs esta pandemia “corrupción democrática”  llegue a surtir efecto, para mejorar la gestión de la propia democracia, que más bien tiende a aceptar que la vacuna no ha sido efectiva porque como decía un autor de “El Finanicero” Samuel Aguilar Solís ” ha ido acompañada de su propio antídoto: la impunidad” y hace referencia a algo digno de analizar al propio pacto social que vincula a la sociedad civil entre sí frente a su gobierno y la coyuntura que marca alcances que impiden que surta efecto el fenómeno de la consolidación de la democracia como “vacuna” a la corrupción, a pesar de que ésta se ha fortalecido más allá del aspecto meramente electoral, con trasparencia, rendición de cuentas, el tan fallido estado derecho, buenas prácticas corporativas, de oposición de pluralidad, de la masificación de los medios de comunicación, etcétera.

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Así pues, mientras los priístas nos dan una muestra de corrupción masificada en sus bases, es momento – como siempre – de como sociedad entablar una autocrítica franca y reflexiva que nos permita adoptar un modelo de vida que refleje ese reclamo social de “no corrupción”.

 

El primer signo de la corrupción en una sociedad que todavía está viva es que el fin justifica los medios.

Georges Bernanos

Gracias por leerme

Daniel Echeverría Alemán

 

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