Archivo de la categoría: Medios

Europa: La corrosión moral y el precio de mentir en política

La corrosión moral y el precio de mentir en política

A diferencia de lo que ocurre en España, en Reino Unido la mentira se paga con el cese o la dimisión inmediata

Amber Rudd, ministra de Interior que ha dimitido por mentir.
Amber Rudd, ministra de Interior que ha dimitido por mentir. NIKLAS HALLE’N AFP

La mentira y el engaño no cotizan igual en todos los sistemas políticos. En el español la verdad está tan devaluada que algunos políticos pueden mentir sin esperar graves consecuencias a diferencia de otros países, donde ser cogido en flagrante engaño es motivo de cese o dimisión inmediata. Lo acabamos de ver en Reino Unido. La ministra de Interior, Amber Rudd, acaba de dimitir por haber mentido. Rudd había negado en sede parlamentaria que tuviera un objetivo concreto de deportaciones de inmigrantes irregulares, pero el diario The Guardianpublicó una carta firmada por ella misma, en la que informaba a la primera ministra Theresa May de que se proponía incrementar las deportaciones en un 10%, hasta 12.800 al año.

Son ya tres los miembros del gabinete de Theresa May los que han renunciado desde noviembre pasado por mentir. Damian Green dimitió como viceprimer ministro por hacer “declaraciones inexactas y engañosas” sobre cierto material pornográfico encontrado en su ordenador de la Cámara de los Comunes en 2008. Y antes, Priti Patel, ministra de Cooperación Internacional, cesó por haber presentado como vacaciones familiares un viaje en el que tuvo un encuentro secreto con altos cargos del Gobierno israelí.

Mentir tiene un precio político en Reino Unido. En España, en cambio, la mentira forma parte de lo que está permitido y hasta justificado en la lucha partidista. Todos sabían que Cristina Cifuentes había mentido sobre su máster y, sin embargo, toda la dirigencia del PP, puesta en pie, se permitió dedicarle una larga ovación retransmitida por televisión a modo de desafío a quienes pedían su dimisión. El aplomo con el que Cifuentes se dirigió a la cámara autonómica negando lo que era una evidencia palmaria está en las antípodas de lo que hemos visto en el Parlamento británico. Pero fue un vídeo ignominioso, filtrado también de forma ignominiosa, y no la mentira, lo que acabó con su carrera.

Cuando la verdad no tiene valor, nada tiene valor. La aceptación de la mentira en política implica un grado de corrosión moral que repercute sobre todo lo demás. Es el cultivo en el que germinan todo tipo de corrupciones, de la más pequeña a la más grande. En todas ellas hay mentira y engaño. Y este comportamiento solo se puede sostener en el tiempo si se hace un ejercicio cínico de la política: yo sé que tú sabes que te estoy engañando, pero confío en que me seguirás votando porque eres de los nuestros.

Los cuatro presidentes del PP en la comunidad de Madrid están “tocados” por la corrupción. Ahora, el partido busca un candidato limpio y parece que le cuesta encontrarlo. Como sostiene la filósofa Victoria Camps, el poder desgasta la virtud y por eso es precisa una vigilancia activa de la ciudadanía. Pero cuando la principal mentira consiste en presentarse como honesto y adalid de la lucha contra la corrupción, entonces lo que se desgasta es la propia democracia, porque a la ciudadanía le cuesta distinguir quién es sincero y quién no. Este comportamiento alimenta la idea de que todo vale en política y que ningún político es fiable, cuando no es cierto: ni todos mienten, ni todos son igual. En la misma cámara en la que Cifuentes exhibía con tremenda osadía el arte de la simulación, hay líderes que han hecho de la decencia una bandera personal y política. Pero entre tanta mentira, cuesta reconocerlos.

 

#ConversacionesNYT: La visita a México de Paul Krugman

El economista Paul Krugman durante el evento Conversaciones con The New York Times en el Museo Tamayo de Ciudad de México, el 18 de octubre CreditAlberto Soto vía: TNYT En Español

CIUDAD DE MÉXICO – Para el premio nobel de economía Paul Krugman, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no ha cumplido con su promesa de desarrollo para los tres países que lo integran, pero aún así sería desastroso si el pacto comercial norteamericano dejara de existir. Krugman, columnista de The New York Times, recalcó que el fin del TLCAN parece cada vez más probable debido a que el presidente Donald Trump posiblemente lo ve como una manera de decir que “ganó”.

Krugman estuvo en Ciudad de México el 18 y 19 de octubre para participar en las Conversaciones con The New York Times. El primer día dialogó en el Museo Tamayo con el economista mexicano Gerardo Esquivel, en un pánel moderado por Azam Ahmed, jefe de corresponsales de The New York Times en México, América Central y el Caribe. El segundo la conversación fue en el Auditorio Alfonso Caso de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con el exsecretario de Relaciones Exteriores de México Jorge Castañeda y la moderación de Boris Muñoz, editor de opinión de The New York Times en Español.

El premio nobel de economía 2008 recalcó que muchas de las promesas hechas cuando se firmó y ratificó el TLCAN no han sido cumplidas del todo, como el efecto que este tendría en el desarrollo y reducción de la desigualdad, pero que aún así es importante mantener en vigor el pacto, que está siendo renegociado, por “la certidumbre” que este conlleva para las relaciones comerciales. También indicó que si el TLCAN no ha sido completamente exitoso en el rubro del desarrollo cuando se trata de México, que no es únicamente por la cuestión del comercio con Canadá y Estados Unidos, sino que deben tomarse en cuenta otros factores como el crimen y la corrupción.

Este último, indicó, afecta en particular el desarrollo de pequeñas y medianas empresas.

Continue reading the main story

Además, señaló que aunque en México hay desigualdad socioeconómica que “sí ha habido avances” tanto en ese país como en el resto de América Latina para cerrar la brecha.

Continue reading the main story

La agenda de Trump

Krugman destacó que la renegociación del TLCAN, promovida por Trump, por lo menos presenta posibles oportunidades para discutir temas que no tenían tanta importancia cuando se estableció por primera vez el pacto, como el combate al cambio climático.

Pero Krugman sugirió que Trump entabló la renegociación sin una agenda coherente, pues al parecer solo quiere poder decir: “Miren, pude destruir algo que hicieron mis antecesores”, algo que el economista también señala en uno de sus artículos de opinión más recientes.

Sugirió que el TLCAN puede ser “las Malvinas” de Trump:

Continue reading the main story

Los escenarios eliminan el TLCAN

Ante la probabilidad cada vez mayor de que el tratado termine por ser eliminado, debido a las amenazas del mismo Trump y a los desacuerdosen las rondas de renegociación, hay dos opciones: una “salida suave” y una difícil.

Continue reading the main story

No obstante, indicó que lo más probable es que “México va a sobrevivir sin el TLCAN” si el acuerdo es desmantelado, dado que “el país tiene una economía robusta y ha adquirido una gran habilidad en el sector manufacturero. Pero sí va a quedar más pobre”.

Un atisbo de esperanza

Krugman, sin embargo, dijo que no ha dejado ir por completo el optimismo. Y que una de las razones es el poder de negociación del maíz.

Continue reading the main story

Al final, señaló, es posible que los mismos votantes de Trump que lo respaldaron por sus promesas de recuperar trabajos presuntamente perdidos por el traslado de fábricas a México o la posible imposición de aranceles se den cuenta de que les conviene más seguir siendo parte de ese pacto comercial.

Para estar al tanto de futuras #ConversacionesNYT, no olvides seguirnos en Facebook y en Twitter.

Una Breve: Cataluña y el mal de nuestros días, la división social en tiempos de democracia.

La desunión democrática, un mal de nuestros días y en cualquier país.

Gente votando 4 veces; incluso gente de otras nacionalidades y no catalanes; sin existencia de censo (básico para cualquier proceso democrático) ; sin jueces de mesa de varios partidos e ideologías, sin secreto de voto. Los separatistas han convocado la votación; ellos han votado, ellos han vigilado las mesas y ellos han contado los votos. Ah; y un 70% de la población catalana que no ha ido a votar por ser un referéndum ilegal.

Daniel Echeverría Alemán @echeverriaalema

 

Resultado de imagen para cataluña 2017

foreignaffairs.com

Why Catalan Independence Won’t Happen Anytime Soon

What to Expect After the Referendum

Barring a last-minute development, on October 1, the separatist government of Catalonia will convene a non-binding referendum on whether the region should declare itself an independent nation from Spain. This follows a victory by Catalan nationalist forces in the 2015 regional elections that for the first time in Catalonia’s history brought to power a coalition of political parties demanding outright independence. Upon declaring victory, Catalan Premier Carles Puigdemont announced that it was his intention to seek the establishment of the “Republic of Catalonia.”

If successful, Catalonia’s drive toward independence would dramatically alter the geography of the Kingdom of Spain, a country that has basically existed in its current configuration since 1492, with the marriage of Queen Isabella of Castile and Ferdinand of Aragón (a kingdom which included the Principality of Catalonia), universally known as the “Catholic Monarchs.” It would also massively diminish Spain as a nation state: Catalonia comprises 16 percent of Spain’s population and accounts for 20 percent of its GDP.

Finally, an independent Catalonia would transform the political landscape of Western Europe, with the creation of a new, mid-sized state sandwiched between Spain and France, to say nothing of emboldening other so-called stateless nations in Europe seeking independence, most notably Scotland, whose own bid for independence failed to get off the ground in 2015. Needless to say, Catalan independence would be momentous.

THE OBSTACLES TO INDEPENDENCE

No one should expect Catalan independence anytime soon, however, even if the referendum brings a decisive victory for the independence movement. For one thing, it is not clear that the movement has the support it needs to win the referendum, much less to undertake the protracted negotiations with Madrid that an orderly secession would entail. According to the most recent polling from El País, Spain’s leading newspaper, a clear majority of Catalans favors the region having the right to determine its political future, but fewer support severing ties with Spain than want to stay within it.

Support for independence is weakest in Barcelona, Catalonia’s capital city, which is home to hundreds of thousands of non-Catalans, as well as foreign-born Spaniards from Latin America, North Africa, and other parts of Europe. For many of them, the prospect of an independent Catalonia is rather worrisome. Many fear the coming of a wave of xenophobia; at the very least, many expect a clamp down on immigration. Support for independence is also lukewarm among Barcelona’s business leaders, many of whom have serious doubts that the region can survive economically on its own. They are also fearful of the toll the crisis could take on the tourist industry, especially if violence breaks out following the referendum. All of this is ironic, given that proponents cast Barcelona’s emergence as a global city as part of the rationale for Catalan independence.

More importantly, the Catalan referendum is not recognized by the central government in Madrid. In this respect, it differs significantly from similar referenda held in other separatist regions, such as Scotland and Quebec. In fact, the referendum is illegal under the Spanish Constitution. Article Two makes specific reference to the “indivisible” nature of the Spanish state, a point cited by Spain’s Constitutional Tribunal, the country’s highest court, when it ruled the referendum unconstitutional. The illegality of the referendum makes its outcome highly suspect. An earlier non-binding referendum of November 2014, advertised by proponents of independence as a “trial balloon,” went nowhere. It garnered some 80 percent approval for independence, but few took this outcome seriously, as it was mainly only those who favored independence who bothered to show up to vote. (Less than 40 percent of eligible voters participated.) This new referendum could have a similar fate.

A CRISIS FOR MADRID?

None of this is to say, however, that the Catalan referendum is insignificant—far from it. The stakes are highest for the government of Prime Minister Mariano Rajoy, of the conservative Popular Party (PP). Following two recent inconclusive national elections, Rajoy’s grip on power in Madrid is rather tenuous. A favorable vote for independence could potentially bring about the collapse of his government, either by triggering a vote of no confidence from within his own party or, more likely, from a departure from his coalition of Cuidadanos, or Citizens, a Catalan party that vehemently opposes Catalan independence.

At the very least, a vote in favor of independence will weaken Rajoy’s government by intensifying the attacks from the parliamentary opposition led by the Social Democratic Party (PSOE). Although PSOE parliamentarians also oppose the Catalan referendum, they are not especially keen on helping Rajoy find a way out of the crisis, which they hope will allow them to retake control of the government. The PSOE was last in power from 2004-2011. During this time, in 2008, the party dodged a threat for an independence referendum by the Basques. As with the Catalan referendum, the Constitutional Tribunal declared the Basque referendum unconstitutional. The Basques filed an appeal with the European Court of Human Rights, claiming that their right to self-determination had been violated, but it was unsuccessful.

The prospects that Rajoy will pay some price for the referendum, regardless of the outcome, are enhanced by his mismanagement of the crisis. His response to the Catalan referendum has gone from ignoring it to desperately trying to force the Catalan government to call it off. He first ignored calls from the moderate factions of the Catalan nationalist movement to negotiate more autonomy for the region, especially on the issue of finances. The Catalans have traditionally complained that they should have a bigger say over the taxes collected by Madrid in Catalonia and that they contribute more to the national budget than what they get back in return from Madrid. These charges were at the heart of the New Statute of Autonomy, a declaration endorsed by the Catalan voters in 2006 that referred to Catalonia as “a nation” and called for greater financial autonomy for the region, among other demands for greater freedom from Madrid.

In 2015, after the Catalan government moved forward with its plans for a referendum, Rajoy went to the Constitutional Tribunal to test the constitutionality of the referendum. He won in court but lost the battle for the street. The Tribunal’s ruling that the referendum was unconstitutional drew massive protests across Catalonia and allowed Catalan separatists to frame the issue as one about the basic right of all peoples to self-determination. In particular, the ruling allowed Catalan nationalists to argue, falsely, that the will of the people had been ignored and that self-governance could not be increased from within the current system of regional self-governance.

In an attempt to intimidate the Catalan government, the Rajoy administration has threatened with jail terms any public official who facilitates the referendum. Spain’s chief public prosecutor, José Manuel Maza, has not ruled out Puigdemont’s arrest, either before or after the vote, as part of the continued crackdown against the referendum. And Rajoy himself has been coy about whether he is willing to invoke article 155 of the Spanish Constitution, which allows Madrid to suspend the autonomy charter of any region if it poses “a serious threat” to national security.

As might be expected, Catalan separatists have wasted no time in characterizing Rajoy’s overreach as reminiscent of the attempts by the dictatorial regime of Generalissimo Francisco Franco, in place from the end of the Spanish Civil War in 1939 to Franco’s death from natural causes in 1975, to suppress Spain’s regional distinctions. Under Franco’s policies of cultural homogeneity, the Catalan language, flag, and national holiday, the Diada, were all banned. This ban also applied to other separatist regions in Spain, most notably the Basque Country.

Less apparent is that Rajoy has spectacularly failed to exploit the weakness and cleavages within the Catalan independence movement. There has been very little on his part in the way of a divide-and-conquer strategy. Despite the images of throngs of people in Barcelona’s main square demanding independence from Spain that have circulated in the international media, the Catalan independence movement is far from a strong and cohesive force. In contrast to the situation in the Basque Country, where the search for Basque independence has caused bloodshed that since the late 1950s has claimed the lives of almost 1,000 people, the majority of them killed by the terrorist organization ETA, the Catalan nationalist movement has traditionally been dominated by moderate and pragmatic leaders.

Jordi Pujol, the founder of the contemporary Catalan nationalist movement, went out of his way to stress Catalonia’s aspirations for local rule as opposed to independence. He also championed the idea of “Europe of the Regions,” a movement that promoted regional self-government across the European Union but not secession. Pujol paved the way for other Catalan nationalist leaders, such as Artur Mas, the Catalan premier who tried, with very little success, to force Madrid to accept the stipulations of the New Statute of Autonomy between 2010 and 2015. Rajoy alienated Mas by refusing negotiate a new funding system for the region as well as a long list of demands that included state investments in Catalonia.

Tellingly, even Rajoy’s own allies have criticized him for his unwillingness to negotiate with the Catalans. The stingiest criticism has come from Cuidadanos leader Albert Rivera, who last March accused Rajoy of “abandoning Catalonia because he does not want to talk to the Catalan president.” In keeping with traditional Catalan nationalist views, Rivera believes the Catalan people aspire to greater control over their daily affairs within Spain rather than independence from Spain.

Moreover, the pro-independence coalition, Junts pel si (“together for yes”), is a very fragile coalition of conservatives, left-wing republicans, and anti-capitalists who are united only in their desire to see an independent Catalonia. Its control over the Catalan regional government is even more tenuous than Rajoy’s control over the Madrid administration. Puigdemont, who hails from Girona, the most fiercely pro-independence of Catalonia’s four provinces, was only able to form a Catalan government after he obtained the support from the Popular Unity Candidacy, a tiny far-left party whose radical economic platform shares little with that the main Catalan nationalist party, Convergence and Union, which tends be economically quite conservative. And it was only at the last minute that this coalition came together.

A FEDERALIST SOLUTION

Whatever happens on October 1, one thing is certain: the electoral result will not prompt any substantial response from Madrid. The Rajoy administration will likely attack the legitimacy of the outcome, especially if it is a positive one for the separatist forces, by capitalizing on several controversial aspects of the referendum that go beyond its basic illegality. Unilaterally devised by the Catalan government, the referendum does not call for a minimum level of voter participation to be valid. It also calls for any result above 50 percent of the yes vote to be sufficient to declare independence.

Whatever happens on October 1, one thing is certain: the electoral result will not prompt any substantial response from Madrid.

But the crisis will persist, which raises the question of how it might be solved in the coming years. Independence is certainly an option, but it is a long shot given that it is unlikely that Madrid will ever agree to it. Moreover, international support for Catalan independence is close to non-existent. Without offending the Catalans, the European Union has made it clear that admission of an independent Catalonia into the EU is not a given. European Commission President Jean Claude Juncker has noted that “if there were to be a yes vote in favor of Catalan independence, then we will respect that opinion, but Catalonia will not be able to be an EU member on the day after such a vote.” U.S. President Donald Trump’s administration has been more resolute in opposing Catalan independence. At a September 26 joint White House press conference with Rajoy, Trump declared, “I think that Spain is a great country, and it should remain united. We’re dealing with a great, great country, and it should remain united.”

A more likely scenario, especially under a new political administration in Madrid and a less intransigent leadership in Catalonia, is that the major stakeholders go to the bargaining table to negotiate an autonomy arrangement for Catalonia that incorporates a new funding scheme. This solution will not appease staunch secessionists, but it would under-cut the independence coalition’s core assumption that more autonomy for Catalonia is not possible within the current system of regional autonomy. A more radical solution would be for Spain’s political class to muster the political will to move the nation in the direction of full-fledged federalism. This is an uphill struggle, to be sure.

Federalism is something of a Pandora’s box in Spain; past attempts to federalize Spain in the nineteenth century and during the interwar years led to chaos and civil war. Indeed, Catalonia’s push for political autonomy was one of the triggers of the Civil War. Moreover, federalization, which would entail granting the same degree of autonomy to all of Spain’s 17 regions, as well as trimming the authority of the central government in Madrid, would require an amendment to the Spanish Constitution, which pointedly bars the partition of the country into federal states.

It is not as if the country has not reformed the Constitution before, however. The last time the major political parties agreed to a constitutional amendment was only in 2011, to introduce a cap on public spending intended to restore economic stability during the global financial crisis. Surely, keeping the nation at peace with itself is as important as keeping it financially stable.

Después de la condenable muerte de Mara, ¿es justa la salida de Cabify en Puebla?

“En sociedades destrozadas por la guerra, frecuentemente son las mujeres las que mantienen a la sociedad en marcha. . . Usualmente son las principales defensoras de la paz”. Kofi Annan.

 

El feminicidio de Mara – aunque a los seguidores de lo políticamente correcto les moleste que se le llame así – puso en evidencia lo peor de nuestra sociedad, ese cáncer que no nos deja evolucionar como colectivo. Ese cáncer que tiene varias vertientes: el machismo, la indiferencia, los agentes extremistas y un marco jurídico muy muy pobre en cuanto a temas digitales.

Buscando Culpables.

Ante tragedias como la ocurrida, la propia naturaleza del ser humano es buscar un culpable para poder saciar sus diversos objetivos como entes sociales, por ejemplo: mitigar la culpa como sociedad, expresar nuestro descontento con el sistema, etc. En ese sentido, ¿tenemos un culpable?: si y no, el gobierno de Puebla ya nos “entregó” al objeto de “linchamiento” público, que es el chófer que asesinó a Mara y por supuesto el “asesino” secundario, Cabify. Sin tomar en cuenta las teorías -nada descabelladas- de una supuesta red de trata en el fondo medular de este asunto, pero eso, es otro post.

¿Es Cabify o es la falta de regulación en el marco jurídico de estas apps uno de los culpables?

Si bien es cierto que sobre el asesino de Mara debe caer todo el peso de la ley y que el escarnio público es lo menos que merece alguien que priva de sus sueños a una mujer tan joven como ella, este patrón de hechos ocurre a diario en nuestro país y Cabify fue sólo el conducto que – por sus fallas evidentes – aprovechó para perpetrar el homicidio.

Lo preocupante del asunto es que al leer “las letras chiquitas” del convenio legal que establece el usuario de la app con el prestador denominado “Cabify”, se establece que al abordar un auto de esta empresa , el usuario exime de cualquier responsabilidad -incluso de su propia muerte- a Cabify, quien se ubica así mismo en las cláusulas sólo como “intermediario”; pero que se vende en redes sociales como “alternativa segura de transporte”, ¿no es eso un contrasentido?, ¿por qué el marco jurídico no revisó estas cláusulas antes de aprobar su estadía en México? y si lo hizo , peor aún, entonces seguimos siendo tratados como ciudadanos de segunda clase que no merecemos siquiera la seguridad de (por un servicio que pagamos) viajar 100% seguros.

 

Definitivamente estos huecos legales son aprovechados por delincuentes de todos los niveles en nuestra sociedad y en diversos aspectos medulares como la política, la economúa y en este caso:  por empresas que como todas buscan sólo ganar dinero (el ideal de la oferta y la demanda), ¿pero a costa de que? ¿no están los encargados de nuestro marco jurídico para regularlos?. Creo que la salida de Cabify de Puebla no es la solución, pero sí lo es mejores candados de selección de las apps de transporte en un país con altos índices de violencia como el nuestro y claro esta, mejores condiciones en los “legales” de la app, para el usuario final.

Para finalizar, creo que como sociedad debemos valorar a nuestras mujeres que son pilares de la vida de cada uno de nosotros y en un marco inclusivo y realmente equitativo promover más y mejores reformas a las leyes actuales con la vigilancia efectiva de los gobiernos (que sí, aunque les pese son los primeros responsables) de su cumplimiento

Decía Lawrence Durrell  que”Hay sólo tres cosas a hacer con una mujer. Se puede amarla, sufrir por ella, o convertirla en literatura” y yo agregaría una: “admirarlas”, claro está en un marco de equidad y justicia, sin paternalismos absurdos y con un respeto bien merecido.

Daniel Echeverría Alemán @echeverriaalema

Dios les bendiga, ¡gracias por leerme!

#2EnCorto Meade un “respiro” para el PRI y Márquez el “héroe” que no ha muerto.

Los últimos días han llamado particularmente la atención de millones de mexicanos por 2 hechos que han ocupado las agendas mediáticas por su impacto y posible desarrollo a mediano y largo plazo. Sin duda alguna, por importancia, empezar con el “predestape” de Meade es el tópico entre estas dos noticias con mayor importancia para el país, lo de Márquez es más de “impacto mediático” que nacional.

Meade un “respiro” para el PRI.

Resultado de imagen para meade

El PRI es el partido con mayor rechazo por parte de los mexicanos, hablar del PRI es hablar de violencia, de corrupción y hasta de cínismo. En ese contexto tan desafortunado y una administración tan controversial y decepcionante es que el PRI ha “predestapado” a José Antonio Meade en su asamblea nacional 2017. En ese sentido, fue la mejor decisión; Meade es la única figura en el PRI que puede representar un riesgo verdadero en los términos más medulares para las figuras de la oposición como Andrés Manuel y Zavala, su trayectoria es impecable. Su nombre no está ligado a ningún escándalo de corrupción y su imagen en términos de marca no están intrisícamente ligado en el top of mind colectivo a la desgastada y demagógica figura del PRI , como institución.

Ahora, es momento de urgir una postura determinante de Meade de definir sus aspiraciones políticas de cara al 2018 y de ser así presentar un proyecto de nación sustentable en término de macro economía y políticas de seguridad equilibradas, dos grandes fallos donde sus oponentes -aún- con toda la “larga” carrera que llevan para los futuros comicios siguen fallando.  Decía Churchill que “ “El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.” 

Márquez el “héroe” que no ha muerto.

Resultado de imagen para rafa marquez

Estamos en una sociedad donde señalar sin pruebas, crucificar a alguien en redes sociales y hacer escarnio se ha vuelto deporte nacional. Es probable, que por nuestra lamentable proyección como sociedad frente a los desafíos que no hemos podido hacer frente de forma correcta (léase corrupción, medios, inclusión, etc.)

¿De verdad a todos los que crucifican al que alguna vez fue “héroe nacional” desde la trinchera del escarnio tienen las pruebas para determinar la culpabilidad de Rafael Márquez y el otro cantante imputado en los temas de conexiones con el narco?; dentro de un marco jurídico justo , una persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad. En ese sentido, ¿qué nos “arde” tanto?, ¿por qué hacer escarnio del otro?. Es algo que nos caracteriza como seres humanos, ¿creen que no?, los invito a salir de antro y ver el comportamiento del 50 % de quienes estén en ese sitio.

Por otro lado, la conclusión de que el deporte es criminógeno es inexorable. El juego y lo que el conlleva pertenece a la naturaleza del hombre. Hay que decir que el deporte y sus nexos con el poder datan de la participación en los procesos históricos de mundialización y globalización –sus mecanismos financieros provocan la admiración en el mundo de los negocios y resultan atractivos para el crimen organizado–, y se ha convertido en un producto industrial en el mercado, sujeto a las fuerzas invisibles de las leyes de la oferta y la demanda.

Es por ello que se evidenciado que sus directivos, empresarios –los hay para todos los paladares criminológicos, algunas escandalosas veces, dan lugar a hechos criminales que cada vez parecen institucionalizarse, y que se orientan como conductas que se articulan dentro de las estructuras y sistemas deportivos a los que pertenecen.